El romance de oficina: ¿el verdadero romance adulto?

Hola, Kokoros:

Este San Valentín me ha dado por reflexionar sobre mi relación con el romance y con el BL, y en esta reflexión he descubierto una cosilla interesante. Algo maravilloso del BL es que se puede aplicar a miles de ambientaciones distintas y, siempre que se haga bien, funciona de maravilla. Sin ir más lejos, me enamora la mezcla de fantasía, ya sea épica/occidental u oriental, con la idea de dos hombres que se aman más allá de toda la ley de la física.

Pero, si he de ser sincera, esta no es la única ambientación con la que me siento cómoda: por alguna razón, aun sin ser la persona más romántica del planeta, he de admitir que disfruto sinceramente del romance de oficina.

Creo que la razón es evidente, aunque para ello tengamos que remontarnos a nuestros orígenes como fujoshis. Todas nos hemos iniciado con romances de instituto en la que dos jovencitos descubrían ese deseo no tan normativo que les resulta ineludible y con él, su sexualidad y su propia identidad. Paralelamente, nosotras aprendíamos a conocernos a nosotras mismas a través de estas historias que, siendo mujeres heterosexuales, no nos deberían de atraer. El romance de instituto no solo reflejaba una ambientación que nos era familiar, sino esa etapa de auto descubrimiento tan característica de la adolescencia.

Pero, ¿qué pasa cuando crecemos? Pues que muchas necesitamos que el BL nos acompañe nuevamente en la adultez y todos sus retos. Por eso, el romance de oficina se siente tan natural, porque representa todas esas situaciones que ahora forman parte de nuestra vida. Y una de ellas es el desafío de convivir con nuestros colegas profesionales, relaciones en las que pueden surgir de todo tipo… Por otro lado, si pensamos en cómo son las sociedades donde nacen los mangas y manhwas que leemos, este salto tiene todo el sentido. ¿O acaso no son países como Corea o Japón conocidos por sus rigurosas culturas laborales? ¿Cómo no se van a crear romances basados en la oficina?

De esto modo, autoras como Moscareto (El nuevo empleado) retratan una realidad propia de su lugar de origen al mismo tiempo que apelan a una vivencia universalmente compartida por gente del mismo rango de edad. Algunas se valen los conflictos en el trabajo como una forma de crear humor al tiempo que se ahonda en el desarrollo de los personajes (Perfect Buddy, Punch Drunk Love

Sin embargo, el BL siempre termina haciendo de las suyas, por lo que estos romances de oficina terminan recreando unas relaciones jerárquicas y de poder que casan muy bien con la dinámica seme/uke o activo/sumiso que tanto le gusta al género. Por un lado, el seme suele tener el papel del superior o del mentor que guía al talentoso aprendiz. Véase por ejemplo, On or Off en la que además hay una clara diferencia de edad. Vale la pena advertir que siempre hay excepciones como es el caso de Merry On the rocks donde los papeles se invierte y el dios del yaoi sabe que me encantan estas vueltas de tuerca, pero no suele ser lo habitual.

Todo esto me lleva a preguntarme: ¿qué ocurre cuando disfrutamos de estas historias? ¿De dónde viene esa comodidad que experimentamos como lectoras adultas? ¿De una ambientación que conocemos por nuestra etapa vital o de unas relaciones de poder que hemos naturalizado? Desde luego, de tratarse de la última opción una se pregunta si esto es realmente romántico. Aunque tampoco estaría de más que, al tiempo que reflexionamos sobre estas cuestiones, aprenderíamos a identificar qué tipo de relaciones estamos dispuestos a aceptar en la ficción y en un entorno de trabajo.

Andrea de Pablo
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