¿Se está volviendo el BL mainstream?

Todo comenzó con un error inocente, un exceso de sinceridad, pecado bastante habitual por mi parte. Porque un día me dio por confesar que igual ya no disfrutaba tanto del BL, que no entendía que me ocurría pero las tramas ( y las “tramas”) que tanto me emocionaron durante décadas, ya no me decían nada. Entonces, la nación del fandom atacó. Donde yo esperaba encontrar consejos y comprensión, un mismo mensaje repetido mil veces me sacudió como un tsunami:

“¡¡¡TÍA, TIENES QUE VER HEATED RIVALRY!!!”

La recomendación, amén del abrumador número de stories y publicaciones en Instagram hablando del tema, tuvieron el efecto contrario (aunque puede que me lo replantee). No es solo que no recibí la empatía necesaria ante el temor de dejar de amar lo que antes parecía parte ineludible de tu personalidad. Es que no reacciono bien ante la presión social y siempre me gusta creer que cuando me sumo a un fenómeno fan es por un descubrimiento personal fortuito, no por los hilos invisibles del marketing o porque todo el mundo se lo diga. El ego de una es así.

Sin embargo, hay algo que no puedo negar: el impacto de la dichosa seriecita es innegable. No solo gusta al fandom del BL y los romances MM… gusta a los expertos y al mundo en general. Ya hay medios hablando de lo importante que es que haya referente de gays en los deportes, como si mucho antes no existiesen Yuri on Ice, cómics como Check Out!, o la saga All for the Game (por no hablar de todos esos animes spokon que no parecían solo spokon, ya lo sé y tú lo sabes). Por alguna razón, la gente celebra esta serie como la primera en hablar abiertamente del tema y lo aplauden por ello.

Pero es que esto no ha sido un hecho aislado. Casi al mismo tiempo, Netflix estrenaba a nivel mundial 10 Dance una película japonesa sobre el romance de dos bailarines de salón. Podría parecer algo baladí, aunque no muchos años atrás para encontrar un film así habría que navegar en plataformas mucho más especializadas en cine asiático. Tampoco es un secreto para cualquier otaku o fujoshi avezado que cada vez es más frecuente encontrarse con estrenos de temporada que sea adaptaciones de manga BL por no mencionar el incremento de las novedades editoriales BL en habla hispana, ya sea de los propias mangas como los manhwas, novelas danmei, etc.

Así que una servidora, que aún recuerda perfectamente como en los 2000 tenía que pegarse para conseguir un solo tomo de yaoi, no puede evitar preguntarse… ¿se ha vuelto el BL algo mainstream?

Llegados a este punto, introduzco un breve inciso teórico. Para quien no lo sepa, el término mainstream fue creado por el autor Frédéric Martel en su obra Cultura Mainstream: cómo nacen los fenómenos de masas, y viene a significar eso mismo. Lo mainstream es aquello que resulta preponderante o general en una corriente cultural, sobre todo en los medios audiovisuales y la cultura pop. En oposición, estaría la periferia, es decir, aquello opuesto a lo común: lo alternativo, lo raro, el nicho.

Y esto es muy curioso porque los romances entre hombres tuvieron un inicio más bien humilde. Si partimos de Oriente, el shounen ai nació como un subgénero del shoujo manga o manga para chicas adolescentes hasta que poco a poco consiguió entidad propia. En occidente tenemos la cultura slash o los fanfictions que estaban, como su nombre indica, creados por fans a modo de dudoso homenaje y pastiche. Y desde luego, dudo que las novelas MM fueran alguna vez preponderante. Todo esto parece haber cambiado con el pasar de las últimas décadas. Evidentemente, Intenet obró su magia allá por los 2000, cuando al acercar el anime al público occidental, también descubrió el por entonces llamado yaoi para muchas adolescentes entre las cual yo me encontraba. De un fandom pequeño y mal visto, las fujoshis crearon una comunidad cada vez más numerosa que poco a poco, y mucho más en tiempos recientes, vio recompensada su lealtad con mayor visibilidad y licencias de sus obras favoritas. Tampoco podemos obviar el ruido que hicieron las luchas de las minorías en redes sociales allá por la década de 2010, entre las que no podía faltar el colectivo LGBT. No creo que resulte casual que pocos años después asistiéramos a un intento, a veces torpe y meramente propagandístico, de inclusión de dichas minorías en productos audiovisuales, la llamada por algunos cultura woke. Por supuesto, la pandemia fue un punto decisivo en el que mucha gente, al no tener nada mejor que hacer, se encontró consumiendo obras que jamás pensó que le interesarían. Sí, para nadie es un misterio que 2020 fue el punto de entrada para nuevas fans al BL y todas sus diveras variantes (doramas, webtoons, novelas, etc.). Podríamos citar mil razones, pero el caso es que ahora, en 2026, parece haberse creado un clima prolífico para que una serie como Heated Rilvalry lo pete en vez de quedar relegada al olvido o al disfrute de una excelsa audiencia como hubiese ocurrido décadas atrás.

Más allá de la calidad de dicho título, cabe preguntarse: ¿esta tendencia va a continuar? El anime y el manga han demostrado que lo que antes podría ser de frikis de pronto puede ser algo normal (movimiento de la periferia al mainstream). ¿Le está ocurriendo lo mismo al BL o al romance gay?

Y, sobre todo, ¿es esto tan positivo como parece a priori? ¿Terminaremos teniendo el equivalente a los isekais genéricos y de mala calidad en el BL?

¿O ya los tenemos?

Andrea de Pablo
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