Hace unos meses, una amiga me pasó un vídeo de Youtube, de la creadora Arcade’s Books, en el que con otra colaboradora comentaban algunos grandes éxitos del manhwa BL (Jinx, Pintor nocturno) destacando cómo estas historias no solo estaban mal escritas sino que su mensaje era terriblemente perjudicial. Al verlo, mi reacción se distanció mucho de la esperada en una fan del BL como yo. Más bien, suspiré con una mezcla de alivio y resignación. Respeto bastante el trabajo de esta youtuber y, si bien no siempre estoy del todo de acuerdo con sus conclusiones, la verdad es que sí comparto con ella cierta desazón por los derroteros que la literatura de entretenimiento actual está tomando.
https://www.youtube.com/watch?v=OUndfeQi7PU&t=93s
Es habitual que se tilde al BL de mala calidad literaria o artística y recuerdo cómo en el pasado, efectivamente, esto me cabreaba mucho más que ahora. Solía enfrentar la acusación enarbolando una ristra de buenas obras tanto del pasado como del presente: que si la obra de Harada, que si Kings Maker o La canción del amanecer en fantasía, que si Dark Heaven, etc. Sin embargo, hoy en día y tras 20 años consumiendo este género ya no tengo energía para enfadarme tanto. Puede se trate de la esperable pérdida de intensidad emocional que viene con los años o puede que no me haya quedado más remedio que aceptar que estas obras de calidad son un refugio entre un alud de cantidad mucho más nefasto y consumido. El BL actual, capitaneado por el pulso dopaminérgico del manhwa y su scroll infinito, parece ofrecer un catálogo inabarcable de historias contadas mil veces con los mismos corsés creativos de siempre que las fujoshis dicen aborrecer pero que al mismo tiempo consumen con fruición. Hay quién al leerme supondrá erróneamente que esta es la típica crítica de una charo cuarentona que echa de menos sus obras de juventud. Y en cierto modo, eso es algo que me he planteado tras mi post sobre mis opiniones impopulares sobre el BL: puede que eche de menos los moldes antiguos. Pero, claro, ahí radica el problema, el BL no ha evolucionado ni involucionado, solo hemos cambiado unos moldes antiguos por otros (uke pasivo y femenino dominado por un seme exageradamente masculino y jerárquicamente superior con ramalazos ocasionales de male pregnant sin sentido frente a un bottom ultra masculinizado dominado por un top jerárquicamente superior, con el omegaverse por medio como explicación forzosa de un embarazo). Al final del día todo esto sigue siendo un cliché.
Sin embargo, el origen del BL no abogaba por algo así. Más bien al contrario, el BL nació como una evolución del shoujo. Autoras como Keiko Takemiya con La balada del viento y los árboles pensó en la relación homoerótica entre jovencitos como un instrumento narrativo para explorar los aspectos que una relación heterosexual no permitiría, dadas los cánones japoneses de la época. Fue un intento de liberar al género del romance, no de crear más clichés. Esto, a su vez, explica por qué la relación entre Serge y Gilbert es tan oscura, por qué se hablan de abusos. La autora quería explorar esos temas; no recrearse en ellos, ni mucho menos erotizarlos o romantizarlos como sí se hace hoy en día. Al comparar este primer BL con los actuales, parece que ha ocurrido con el género lo mismo que ocurrió con la fantasía tras Tolkien. Sus seguidores copian lo superficial sin entender las motivaciones de lo profundo, la verdadera intención y arquitectura de la historia que les inspiró.
Llegados a este punto, habría que aclarar algo que sé que estará rondando la mente del lector más avispado. Y es que los clichés no son malos en sí mismo. Es más, sería muy soberbio y poco realista pedirle a un creador que no haga referencia a algo que ha sido creado anteriormente, sobre todo si hay expertos que señalan que el número de tramas universales es muy limitado. El matiz es que ya no se trata tanto del cliché sino cómo se ejecute. Así que, ¿podríamos poner la mano en el fuego por que en el grueso de historias BL no se esté repitiendo la misma fórmula de forma apresurada y burda una y otra vez?
Y es que el BL actual no está exento a los vicios de su tiempo: un lectorado que tiene poco tiempo y energía para tramas complejas (porque el sistema le arrincona a ello), un sistema de viralización basado en la polémica, la dopamina del scroll que busca historias cada vez más impactantes en el que no se tarde mucho en llegar a la acción, el antintelectualismo que lleva a imponer el gusto personal sin reservas frente al criterio propio, el consumo por parte de menores de edad de productos culturales que los sexualizan antes de tiempo y en los que la violencia dentro de una pareja está normalizada…
Solo hay que pasearse un momentito por Booktook o por Bookstagram para comprobar lo que las niñas están leyendo hoy en día y no sé si me alegra ser la única que se horroriza. El caso es que, como es de esperar, el BL no está exento de estas dinámicas por el mero hecho de estar siendo creado en esta época que nos toca vivir.
Tal vez suene muy pesimista de mi parte, y lo cierto es que espero equivocarme, pero se me hace muy obvio que esta hegemonía de lo escandaloso, lo llamativo y lo adictivo, de esta aparente preferencia por las mismas tramas una y otra vez, ya no desde la relectura sino desde la repetición están matando al género al impedirle navegar hacia otras rutas. Es cierto que esto mismo está pasando con las pelis de Netflix, con los libros y con muchas otras cosas, pero como lectora de BL no puedo evitar pensar que, en el caso del BL, además de los intereses comerciales y el algoritmo, hay un culpable claro, uno que lleva operando tal vez más tiempo que estas modas: la búsqueda y casi exigencia de la misma trama, quizá mala pero confiable, en los BL que consumimos.
Nosotras las lectoras, en nuestra pereza y neofobia, en nuestra preferencia por lo pornográfico y obvio frente al erotismo poético, somos las que le cortamos las alas al BL y le impedimos volar.