Toda fujoshi sabe que hay animes que parecen BL, que huelen a BL, que tienen personajes masculinos que se comportan bajo los códigos de un BL… pero que oficialmente no lo son.

Durante la década de 2010, la comunidad asistió a una explosión de animes de este tipo, siendo lo más llamativo la temática que todos estos compartían: la de deportes.
A ver, antes de seguir tenemos que dejar claro que siempre se han erotizado los spokons. Cuando empecé a leer fanfics hace ya más de veinte años me topé con obras sobre Oliver y Benji (Captain Tsubasa) o Slam Dunk. La diferencia es que si bien algunos como Haikyuu!! No lo pretendían tan directamente, otros muchos (Free!!, Yuri!!! on ice, Sky 8 The infinity) parecían apelar al público femenino y a sus fantasías homoeróticas. Traduzco: no es que las fujoshis le dieran su barniz de BL, es que estos ya lo traían incorporados. La tendencia ha seguido en alza hasta convertirse prácticamente en un meme, un topicazo dentro de la comunidad otaku, con chistes como: “Cuantos más signos de exclamación tiene un anime, más gay es”.


Esto no solo ocurre con el manga, la unión entre la temática deportiva y el romance gay está de moda, tal y como se ha visto con el fenómeno de Heated Rivalry o sagas literarias como All for the game (Nora Sakavic). Hoy en día tenemos no solo animes o mangas de deportes con personajes cuyas relaciones van desde una amistad erotizada a algo mucho más oficial que eso, sino novelas, manhwas, etc. Es algo prácticamente global.


Ahora, vale la pena recordar que mientas las lectores fantasean, los deportistas gays de la realidad siguen teniendo que luchar por que se les respete. Y no solo los gays, sino aquellos que simplemente apoyan a la comunidad. En España, tenemos el caso de Borja Iglesias, quien recibió insultos homófobos simplemente por pintarse las uñas, mientras que el jugador francés del Atlético de Madrid, Antoine Griezman mostró su apoyo a Josh Cavallo, del Adelaide United cuando se declaró homosexual. Aunque cueste creerlo, salir del armario sigue siendo un deporte de riesgo para los profesionales que se atrevan a romper el tabú heteronormativo en una actividad que se relaciona con la masculinidad tradicional y la camaradería entre hombres. No hay que olvidar que los deportes de equipo como el fútbol se han usado como una iniciación en la socialización de los varones desde hace décadas, por no entrar en el sexismo y la homofobia sistémica que influye en las federaciones. Entonces, vivir abiertamente la homosexualidad en un ambiente así no se ve solo como una opción personal sino como el desafío a toda una serie de ideas acerca de cómo los deportistas representan una cierta imagen de la masculinidad tradicional.


Sin embargo, cuando el deporte es visto como no tan masculino, el control de las federaciones es aún peor. En modalidades como el patinaje artísticos, la virilidad de los patinadores, al ponerse en duda (recordemos que son tipos en traje de licra que bailan y dan saltos sobre el hielo al ritmo de una coreografía, esto se ve por algunos como poco masculino), debe quedar fuera de todo duda. La ruptura del tabú es aún peor y la ISU no siempre se lo tomó bien. Frente a esto, tenemos patinadores dentro de la comunidad como Jason Brown, Javier Raya o Guillaume Cizeron. Este último, ganador del oro olímpico de Pekín 2022 junto a Gabriela Papadakis, escribió en una carta lo siguiente sobre su orientación:
“En un mundo ideal, nadie tendría que justificar sus atracciones sexuales o románticas. Como alguien querido para mí una vez me dijo: “Mereces ser amado. Simplemente porque existes». Todos merecen amor y dignidad, ya sea que se identifiquen como un hombre, una mujer, o ninguno, si se sienten atraídos por un hombre, una mujer o ambos. Solo queremos que se nos permita vivir en paz, con el respeto, el amor y los derechos que merecemos. Pero mientras espero que este mundo exista, me gustaría que las personas que se identifican al leer mis palabras sepan que no están solos. La forma en que nos tratan no tiene que definir en quién nos convertiremos o qué éxito experimentaremos. Preservar su dignidad y cultivar su riqueza interior son las claves.”

Llama la atención, una diferencia tal abisal entre la ficción y una realidad que sigue siendo cruel. Sin embargo, da la impresión de que esto hace que la combinación entre ambas temáticas se dé con más fuerza e interés. ¿Por qué ocurre esto? ¿Es precisamente este contraste el que hace que la fantasía sea aún más atractiva?
¿O tal vez lo que ocurre es que las lectoras femeninas, el grueso del fandom BL, esté interpretando cierto fenómenos desde su prisma particular? Ya he recordado cómo jugar a la pelota ayuda a que los niños aprendan a relacionarse con sus iguales. De esta forma, los hombres empiezan a establecer sus vínculos con otros hombres a través de dichas actividades, y esto serían los lazos homoafectivos que describen autoras como Marilyn Frye (To be an to be seen):
“Decir que los hombres heterosexuales son heterosexuales es sólo decir que participan en el sexo (follar) exclusivamente con el otro sexo, es decir, con las mujeres. Todo, o casi todo lo que tiene que ver con el amor, la mayoría de los hombres heterosexuales lo reservan exclusivamente para otros hombres.”
Puede que sean estos afectos los que las lectoras fetichicen dentro de su visión del deporte masculino, lo que estas historias estén erotizando, tal vez una regla no escrita de cómo los hombres heterosexuales sí se relacionan entre ellos, sin ser verdaderamente conscientes de ello. Tal vez eso explique por qué la celebración de un gol es uno de los pocos momentos en el que los hombres pueden abrazarse con pasión y sin las incómodas palmaditas de cortesía.
